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| Entre los monjes que querían hacer la experiencia de la fundación, fueron seleccionados tres: el P. Carlos Villeré, el P. Gregorio Robeau y el Hno. Luis Giangrosso. Aquellos tres hombres buenos y desprendidos fueron despedidos en la ceremonia hecha entre horas buenas y lágrimas de despedidas. Fueron cerradas las puertas de su monasterio en señal, que aquel viaje era sin retorno. En la imaginación todavía se ven los monjes viendo partir a sus hermanos, a la vez que se oye en el eco, el ruido de las puertas al cerrarse en señal de no retorno. | ![]() |

